Carta a Elías Pino Iturrieta

5 Sep

 

 

Señor

Elías Pino Iturrieta

Respetado historiador

Caracas, domingo 13/04/08

 

A propósito de su última nota publicada hoy en El Universal, “Aberraciones públicas e indiferencia social”, me permito hacerle llegar una de mis más recientes notas para archivo; notas  que normalmente redacto ante cada evento político, directa o indirectamente relacionado al tema de la seguridad pública.

 

Nadie mejor que un historiador para refutar, si fuere el caso, algún apresurado o insostenible argumento expuesto por un ciudadano común ante eventos políticos, que si bien no le espantan porque el cuero está bien curtido, no dejan de asombrarle por el grado de aceptación que por años ha venido demostrando una sociedad que definitivamente, aún en proceso de formación no logran sus pretendidos dirigentes articular argumentos que unan a un colectivo en un acabado concepto del país, ese país que, al parecer unos pocos, queremos, y que todos, convencidos de las bondades y perfectibilidad, aceptaremos. Como la he denominado en algunas notas anteriores, una comunidad de moradores de un territorio que al parecer le falta mucho por lograr un punto de estabilidad en el camino de ajustes y desajustes adoptado y si es que se pueden estos desafueros llamar así.

 

No pretendo su respuesta a esta comunicación, pero no puedo dejar pasar la oportunidad de llamar la atención sobre la incontable ocurrencia de eventos de similar o parecido calibre a los que hoy nos asombran, pero que sin embargo han venido pasando día tras día, gobierno tras gobierno, sin que voz alguna haya elevado su tono en colectivo; o al menos si ha sido hecho, poco o ninguno ha sido el efecto político, jurídico y social frente a las que usted refiere en su nota como aberraciones. Y puesto que las voces que se levantan son sólo individualidades como la suya que tiene la oportunidad de que le publiquen, “por ahora”, allí están esos absurdos que como densa niebla nos ha arropado y nos arropa a todos, con lo cual, como bien lo apunta al empezar su nota, “… se ha acostumbrado la sociedad…”.

 

Como bien lo sintetiza usted “… los actores obligados a detenerse en cada una de las aberraciones hasta verles el hueso no cumplen su función…”. Es allí precisamente donde reside el problema desde el punto de vista de un simple observador y ciudadano común no experto en materia alguna del saber humano; es en esa particular característica de esta particular comunidad de moradores de un territorio, donde percibo está el quid del asunto. Ante tres de las aberraciones a las cuales en mi nota hago extensa referencia, como lo afirmo, ningún Colegio Profesional, ninguna comunidad de intelectuales, de gente del saber especializado, que recuerde, levantó su voz.

 

Y entonces pregunto:

 

¿Puede la comunidad de habitantes de un país o sociedad civil alguna, ante esas manifestaciones materiales de graves y duros errores y extravíos de un poder político en ejercicio, del pasado o del presente, comprender e interpretar en su momento la severa trascendencia de una u otra manifestación de estos hechos tanto para sus intereses comunes a todos como para el futuro como sociedad consolidada o en proceso de formación?

 

¿Puede una u otra expresión de sociedad civil, sin orientación y soporte especializado, articular argumentos técnicos sólidos que permitan la movilización de una protesta o de alguna expresión colectiva de descontento, suficiente para producir a su vez un concierto de voluntades en otros grupos y un derivado, continuado y sostenido rechazo social que detenga, embale, perturbe, modifique y condicione la conducta de un gobierno o de un gobernante en ejercicio?

 

¿No sería acaso materia de colectivos especializados en el saber, de los Colegios Profesionales, de las Academias, de las Universidades y de todos aquellos colectivos integrados por estudiosos y especializados conocedores del acumulado saber humano, un certero y técnicamente argumentado rechazo?

 

¿No sería acaso esa la materia de especial y depurado tratamiento por quienes desde una u otra posición integran eso que pretenden llamar dirigencia y que están en posiciones de decisión en Comunidades de Interés unos, en supuestos Partidos Políticos otros, y que como he afirmado y ratifico, son la más evidente expresión de la anti política?

 

Esa reacción en respuesta que, se espera, conduciría a un desempeño de la sociedad mucho mejor sustentado y argumentado y a no dejar sólo y exclusivamente en manos de individualidades integrantes o no de ese especializado colectivo, la voz disidente que como bien lo afirma en su nota, se ha perdido y se pierde en “… un atropellado solapamiento [que] las convierte en noticia fugaz, en periódico de ayer…” y que inevitablemente por carecer de esa “… percepción [en] conjunto…” no ha puesto ni pone el alerta en la sociedad: “… en guardia a las víctimas ante lo que deberían juzgar como un cataclismo en sentido general…”.

 

Estimado señor, una excelente nota en la pluma de una importante y especializada individualidad entre más de 26 millones de integrantes de una comunidad de moradores, como usted asoma: indolentes ante las atrocidades. Por eso, tenemos el país que merecemos.

 

Sin Otro particular, de usted:

 

Rafael Rivero Muñoz

rriveromunoz@yahoo.com

 

 

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